EL CLUB DE AMIGOS SINGULAR / 3

June 24th, 2009 by davidbombai

Segunda Parte
POR QUÉ ESTOY AQUÍ

- Resulta que yo… - ha comenzado a hablar Colin, pero enseguida ha parado al ver algo en la ventana - ¡Un momento! ¿Qué es eso?

Lo que había en la ventana se ha adentrado en la casa: era una sombra extraña, un ente desconocido, una figura siniestra, una amenaza mortal…

- Es una polilla – ha afirmado Camden.
- ¡Ui! ¡Que no se acerque a mi chaqueta, que es de visón auténtico! – ha gritado la Sra. Dubois.
- ¡Rápido! – ha dicho el Profesor Petticoat, moviéndose en círculos alrededor de todos los miembros, ordenando qué hacer - ¡Unos que vayan a los cuartos de arriba y cierren todas las puertas! ¡Otros que se vistan de araña y tejan una tela trampa! ¡Otros que cojan y tiren al suelo todos los platos de la cocina! ¡Hay que acabar con ese monstruo!
- Pero si sólo es una polilla… - ha insistido Camden – Ya está, ya se ha ido. Butterhouse, por favor, continúe – pero Colin estaba escondido debajo de la mesa, demasiado asustado como para proseguir su relato.
- ¿Se encuentra bien, Colin? ¿Quiere otra copita de jerez? – ha preguntado graciosa Eleanor Bryn.
- Pues… - y Butterhouse se ha acabado toda la botella, aunque la pregunta de Bryn en principio era retórica.
- ¿Es normal que haga eso? – ha preguntado Brick Fursberger al ver cómo Colin se contorneaba de mala manera sobre la alfombra.
- A lo mejor no le ha sentado tan bien el jerez de importación, cosecha de 1990 – ha sugerido irónico el atlético Camden.
- Yo creo que habría que tumbarlo en el sofá. Igual se nos muere. ¿Habrá algún médico en la sala?… - ha dicho nerviosa la enfermera Bryn.
- ¡La polilla! – ha gritado de repente el Profesor.
- Ya está. Ya se ha ido… - le ha recordado Camden.
- ¿Alguien ha visto si se ha acercado a mi visón? – ha preguntado la Sra. Dubois, que volvía del lavabo retocándose con una pequeña brocha de maquillaje - ¿Y a éste que le pasa?
- Se ha bebido todo el coñac – ha respondido Brick.
- Jerez – ha puntualizado Camden.
- Eso. Perdón.
- ¿Y ha dicho algo? – ha vuelto a preguntar la Sra. Dubois, mucho más relajada ahora.
- No ha dicho ni “¡1, 2, 3, Alabama” – ha sentenciado Camden.

Y entonces, el Profesor Petticoat ha formulado la pregunta que en realidad todo el mundo se hacía para sí:

- En serio, amigos, ¿creéis que este hombre tiene en realidad algo que contarnos? A decir verdad, yo comienzo a dudarlo.
- Y yo – le ha apoyado la Sra. Dubois.
- Yo todavía tengo fe en el ser humano… - ha dicho filosóficamente Brick Fursberger.
- En el ser humano vale, pero, ¿y en él? – le ha preguntado la enfermera Bryn.
- Ah, en él no – ha confesado Brick.
- ¿Hay alguien a quien hayan presentado en el inicio y no haya dicho nada todavía? – ha preguntado Camden, cayendo en la cuenta.
- Pues… no. No. Creo que no. Creo que hemos hablado todos – ha respondido el Profesor.
- Sí, sí. Hemos hablado todos – ha corroborado Eleanor Bryn.
- Vale. Sólo preguntaba – ha puntualizado tranquilo el fornido Camden Maguire.
- ¡Un momento! – ha gritado Colin Butterhouse desde el sillón en el que estaba estirado, ahora ya completamente recuperado de su pasajera resaca, y se ha hecho un silencio mortuorio que ha inundado la sala en cuestión de segundos, pues todo el mundo esperaba la siguiente sentencia del extraño Colin – ¡YO AÚN NO HE DICHO TODO LO QUE TENÍA QUE DECIR!

(CONTINÚA…)

EL CLUB DE AMIGOS SINGULAR / 2

June 20th, 2009 by davidbombai

Primera Parte
POR QUÉ ESTOY AQUÍ

- ¿Pero de qué demonios habla? – ha preguntado asustada la enfermera Bryn.
- Les hablo del peligro que acecha al Club de Amigos “Singular”, del que afortunadamente para ustedes, aún soy miembro – ha aclarado Butterhouse con cierta sorna.
- ¿Y qué peligro es ese? – ha preguntado Camden Maguire, con su tono entre divertido y juguetón que era tan característico en él.
- De acuerdo, no me andaré con más rodeos, les diré de una vez por todas por qué estoy aquí, aunque antes me tomaré un jerez, si no les causa ninguna molestia.
- Hombre… ¿No podría tomárselo después? Nos tiene a todos en vilo – ha rogado la Sra. Dubois.
- Sí, podría. Pero es que me apetece muchísimo.
- ¡Pues tómeselo, maldición! ¿Quién se lo impide? – ha dicho irritado el Profesor Petticoat.
- A decir verdad, ese señor bajito que está delante del minibar – ha respondido Butterhouse.
- ¡Ui!, perdón – y el señor bajito se ha retirado y Butterhouse se ha podido servir por fin su jerez, con el que debería dejar de subirse por las ramas e ir al meollo de la cuestión.
- Delicioso – ha dicho Colin relamiéndose y luego limpiándose con la manga de la camisa los restos de líquido que goteaban por la comisura de sus labios.
- Se nota que es usted todo un caballero… - ha asegurado Eleanor Bryn, antes de que le viniera una muy desagradable arcada.
- Está bien, ya puedo continuar.
- ¡Gracias a Dios! – ha gritado Brick.
- Sí… Aunque… ¿No tendrían algo para picar? Estoy hambriento, ¿saben? Toda la noche cabalgando…
- ¡Qué cabalgando ni cabalgando! ¡Si ha venido en taxi desde la 42 con Maine! – ha chillado la Sra. Dubois, que compartió el coche con él.
- Ah, sí, es verdad. Lo había olvidado – se ha excusado Butterhouse – En cualquier caso, eso no quita que me ofrezcan alguna cosa para llevarme a la boca. Al fin y al cabo, somos hermanos de club, ¿no?
- ¡Venga, va! Denle algo de comer a este muerto de hambre – ha sentenciado Camden muy tranquilo, como siempre – Sino, no parará de gimotear y no contará historia alguna.
- Es cierto – ha afirmado Colin – Tengo tanta hambre que no podría articular ni una palabra. De hecho, creo que voy a callarme ahora mismo – y se ha callado. Han estado buscando durante más de dos horas algo de comer para darle, pero no lo han encontrado. Han tenido que salir y comprar en la acera de enfrente unas patatas y algo de embutido. Se lo han preparado todo con un poco de pan, y entonces Butterhouse, por fin, ha comenzado a cantar.
- ¿Pero qué hace ahora? – ha preguntado irritado Petticoat, después de oír a Colin durante más de cuarenta y cinco minutos interpretar en directo todos los éxitos de Tony Bennett - ¡No se está dejando ni una sola! ¡Las canta todas!
- Tiene bastante buena voz… - ha afirmado Camden.
- Yo creo que tendría que tomar algunas clases de solfeo. A parte de eso, la técnica es casi impecable – ha dicho la enfermera Bryn.
- De acuerdo – ha dicho Butterhouse, mientras guardaba el micrófono y se limpiaba las migas de pan - Ya estoy. Ahora sí, voy a contarles por qué estoy aquí.

(CONTINÚA…)

EL CLUB DE AMIGOS SINGULAR / 1

June 7th, 2009 by davidbombai

Existe un club cuya sede está ubicada en el barrio más elitista de todo Detroit. A él acuden religiosamente cada semana una serie de extravagantes personajes. El más importante de ellos, a la vez que el miembro más antiguo del Club de Amigos “Singular”, es el Profesor Petticoat: se trata de un hombre de mediana edad, con escaso pelo, bravura no determinada y los ojos azules. El Profesor Petticoat forma parte del club porque un día murió y volvió a la vida. Desde entonces, lo hace cada semana.

Todos en el club tienen una fantástica historia que contar. Esa es la condición que puso su fundador, el Dr. Henry Singular, famoso por su multiplicidad de poderes y su sopa de ajo. Otro de los miembros es la enfermera Eleanor Bryn, cuyo don le permite dibujar los pensamientos de la gente. También está el joven Brick Fursberger, un aprendiz de carpintero pero carterista de profesión, con diez dólares en los bolsillos y la capacidad de perder siempre en las apuestas, además de poder levitar sobre cualquier superficie plana.

Otra integrante es la Sra. Dubois, una dama francesa de 40 años, con tres hijos y un marido ingeniero agrónomo, que un día descubrió su poder para calcular cualquier fórmula matemática con un simple chasquido de sus dedos.

En el club también nos encontramos a Camden Maguire, un deportista profesional con una imperturbable capacidad para enamorarse siempre de la mujer equivocada. Por suerte, su predisposición a ser feliz pese a las consecuencias le ha permitido su entrada en los Amigos singulares, lo que le salva diariamente de sufrir una depresión después de cada conquista. Mucha gente cree que pertenece al club también por haber conocido a Albert Speer, el arquitecto de Hitler; o quizás por su impermeabilidad a cualquier líquido.

Hoy ha ingresado en el club un nuevo miembro: se trata de Colin Butterhouse, y no ha querido revelar su particularidad.

- ¡Me niego en rotundo a tal desagravio! – ha gritado la Sra. Dubois – Todos debemos decir cuál es nuestro poder.
- Estoy de acuerdo – le ha ayudado el Profesor Petticoat – Señor Butterhouse, si usted no quiere decirnos por qué merece pertenecer al Club de Amigos “Singular”, creo que debería abandonar esta sala.
- Queridos colegas – ha comenzado a defenderse Butterhouse -, entiendo su malestar, pero les aseguro que si les revelara mi poder, luego tendría que matarlos.
- Eso a mí no me asusta… - ha afirmado el Profesor, sin poder dejar escapar una sonrisita de superioridad.
- Lo sé. Soy consciente de ello. Pero también le aseguro, Profesor, que de matarle yo mismo con mis propias manos, no volvería nunca jamás a levantarse. Créanme, amigos: por ahora, es mejor que no sepan cuál es mi poder. Es más: para ustedes es mucho mejor que yo esté de su lado. No hagan que me arrepienta de querer ayudarles.
- ¿Ayudarnos? ¿Ayudarnos a qué? – ha preguntado el joven Brick Fursberger.

Y con un tono de trascendencia mortal, tan mortal como un temblor de tierra, y no es una comparación exagerada, pues eso precisamente sintieron los miembros del Club de Amigos “Singular” cuando Colin Butterhouse respondió a la pregunta con la siguiente frase:

- Ayudarles a sobrevivir.

(CONTINÚA…)

LAS MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO / y 14

May 27th, 2009 by davidbombai

Jueves, 18 de julio de 2002

Yo no creía en el destino, hasta esta tarde. Hoy ha vuelto a mi vida mi amor de 15 años. Delante de mí, Alicia Pheengus, otra vez. Fuimos inseparables durante casi toda nuestra adolescencia (apenas un día) y nunca creí volver a encontrarme con ella. Tenía el pelo pardo, los ojos verdes color lascivia y la mente abierta, tanto que decidió dejar de verme para recorrer mundo al lado del Gran Circo Splendor. Cuando nos hemos encontrado durante mi paseo matutino por el Barrio Rojo, se ha abalanzado sobre mí como una amante enamorada, o como un animal furioso.

Después de calmarse, gracias a la tremenda cantidad de pastillas que siempre llevo conmigo en previsión de este tipo de cosas, me ha relatado su historia, que yo he escuchado con atención, y cierto desinterés, no voy a negarlo.

“Mi muñeca cayó dentro de la jaula, por tu culpa tengo que decir, y yo fui tras ella. Tú, mi enamorado valiente, saliste corriendo mirando a derecha e izquierda y sobornando al agente de seguridad para que declarase no haber visto nada. El león fue muy amable conmigo, me invitó a cenar y luego me leyó un cuento para dormir. La gente del circo también se portó muy bien: me dieron ropa nueva y una nariz de payaso. Yo decidí quedarme con ellos durante un tiempo, el que fuera necesario hasta el momento de mi madurez intelectual. Muchas cosas pasaron en aquel circo en los casi veinte años siguientes: me enamoré del trapecista, le engañé con el equilibrista, me casé con el hombre que hace burbujas con humo dentro (sin duda, el más intelectual de entre todos ellos) y nos divorciamos cuando él me dejó por la mujer barbuda (que cuando se quitaba la barba podía aparecer retratada en cualquier portada de revista).

“Decidí que la vida en el circo tenía que acabarse cuando quisieron convencerme para ayudar al mago en sus trucos: yo tenía que meterme dentro de una caja mientras él la atravesaba con una cantidad pornográfica de sables. A mí la idea no me disgustó del todo, lo que no me convencía era el seguro médico, aunque como me decía el director del circo, ya que no tenía, no debía de preocuparme por él. Me marché de aquel circo tal y como había llegado, con mi ropa de escolar, mis ojos verdes y mi muñeca, a la que le faltaba la cabeza: el mago hizo que me reemplazara cuando me negué a participar.

“Un día después de irme conocí al hombre de mi vida: se llamaba Elliott Mumberg, y había sido un codiciado dentista. Era guapo, honesto, considerado y todo un experto en el encaje de bolillos. Desgraciadamente, era un vagabundo que no tenía dinero ni para pagar una habitación de motel. A parte de eso, él era todo lo que yo había soñado: me cedía sus periódicos para dormir, me regalaba la mejor basura y me proporcionaba todo el alcohol en paquete de cartón que pudiera beber. Juntos vivimos unos seis meses maravillosos, hasta que tuve que dejarle por “incompatibilidad de caracteres”: cuando le ofrecieron un trabajo como usurpador de personalidades en una empresa tapadera propiedad de un mafioso, yo insistí en que aceptara y él, por no sé qué extraño conflicto ético, insistió como un imbécil en continuar durmiendo en la calle y pidiendo limosna a los transeúntes. Le abandoné a la mañana siguiente, no sin antes derramar un mar de lágrimas por él.

“Seguí mi camino hasta que volví a Nueva York para ingresar como novicia en el Convento de las Evangélicas Doloridas. Nunca he sabido de dónde venía mi pasión por la religión, a no ser que fuera gracias a mi padre, un pastor presbiteriano, pero apostólico romano de vocación. Cada mañana me leía un pasaje de la Biblia, que siempre tenía a una serie de taxistas como protagonistas, y yo corría hacia el colegio con el corazón henchido de bondad y de exquisitos modales.

“En el convento tenía un plato de comida tres veces al día, el amor de las hermanas y un perrito de compañía llamado Skipper, una antigua estrella de la televisión que acabó sus días como mascota politoxicómana de los Yankees, hasta que lo trajeron con nosotras. No tenía, en cambio, libro alguno que poder leer más que las Sagradas Escrituras, ni televisión por cable, ni cigarrillos mentolados, ni mi rimel de ojos “Negro casi azabache”. También teníamos a la Madre Superiora, la hermana Dorothea, un encanto de persona: al parecer había sido la esposa de un peligroso gangster, hasta que lo abandonó en busca de una vida decente.

“Sin embargo, descubrí que la vida en el convento se reducía básicamente a orar y a comer chocolate rancio, y me marché de madrugada y haciendo todo el silencio posible: el no poder hacer ruido era otra de las cosas que me molestaban.

“Salí ayer mismo de allí y paseando en busca de un trabajo honrado, te encuentro disparándole a los barrenderos en esta calle tan poco frecuentada. ¿Destino, dices? Yo más bien lo llamaría mala suerte.”

Cuatro años después, cuando Alicia comprendió que jamás podría librarse del acoso insistente al que yo la sometía, aceptó casarse conmigo: tuvimos dos hijos juntos, el pequeño Al y el grandullón Capone y vivimos felices durante mucho, mucho tiempo, según quién incluso diría que demasiado. Ahora mismo estoy en casa, ordenando mis pensamientos, haciendo balance de todo lo bueno y de todo lo malo que he hecho, mientras Alicia, el amor de mi vida, viaja con los niños hacia la soleada Wichita.

LAS MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO / 13

May 11th, 2009 by davidbombai

Domingo, 30 de agosto de 1998

He decidido que aunque las Bahamas es un sitio maravilloso para no hacer nada y estar a gusto, creo que no me está ayudando en absoluto a curarme de mis paranoias psicóticas.

Lunes, 12 de abril de 1999

Tuve que salir definitivamente del archipiélago y volver a la ciudad, para tristeza de mi corazón y de mi hígado. La gota que colmó el vaso fue una acalorada y sangrienta discusión con el plusmarquista Jesse Owens sobre el innecesario montaje definitivo de “Blade Runner”. Ahora, otra vez en casa, con mis chicos, me aburro considerablemente.

Viernes, 31 de diciembre de 1999

Me excita sobremanera todo lo que puede llegar a pasar por culpa del “Efecto 2000”. Paulie “Matasuegras” Giannoli asegura que volveremos a la edad de bronce; y mi vecina, la Sra. Wolfberg, jura por activa y por pasiva que el continuo espacio-tiempo no se verá afectado pero que a partir de mañana empezaremos todos a comer con las manos. Estoy impaciente por saber qué pasará.

Sábado, 1 de enero de 2000

Mi vídeo VHS de cuatro cabezales es el único aparato en todo Nueva York (y parte de Connecticut) al que el “Efecto 2000” ha afectado de lleno: ha experimentado una regresión temporal y ahora sólo graba programas emitidos durante la Guerra Fría. Ni que decir tiene que me he llevado una soberana decepción.

Jueves, 23 de noviembre de 2000

Mis chicos dicen que he dado una orden: cancelar los negocios de apuestas. Dicen que no saben por qué quiero hacerlo pero yo creo que, de dedicarme a ellos, debe de ser un sector muy poco agradecido. Si yo fuera el dueño de todo este imperio me sentiría como el tripulante de un barco que se tambalea en medio de una tormenta. O como el capitán, ya que se supone que soy el jefe. O como el comandante. O como el capitán comandante. O como el capitomandante. Aunque también podría ser Dios…

Martes, 23 de octubre de 2001

Hoy he hecho una cosa divertidísima: me he encontrado un libro en un banco, me lo he llevado a casa, me lo he leído del tirón (era una fantástica novela sobre una familia que emigra a la ciudad en busca de una tigresa de Bengala menopáusica) y luego se lo he revendido a una librería a un precio ajustadísimo. Cuando Gino, el chico de los recados, me ha comentado que he hecho muy mal, yo pensaba que se refería a vender el libro tan barato, pero no, resulta que, según él, debería haber dejado el libro en otro sitio para que lo leyera otra persona. Por supuesto, he despedido a Gino, le he dicho a todas las bandas de la ciudad que no le den ningún tipo de trabajo, y me he asegurado que su padre no reciba la pensión de jubilación hasta los 89 años.

(CONTINÚA…)

LAS MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO / 12

April 7th, 2009 by davidbombai

Lunes, 18 de marzo de 1996

El amor ha vuelto a llamar a mi puerta: se trata de Cornell Budwinkle, un fontanero de Arkansas. Tengo un problema muy serio con las tuberías y le llamé para que viniera a solucionarlo. Cuando me las arregló, me busqué otra excusa para que volviera a venir. Le invité a cenar, aceptó y hablamos de Voltaire durante dos horas o más. ¡Qué hombre más gracioso ese Voltaire, y qué fontanero más interesante! Tuve que enamorarme de él perdidamente, aunque los chicos me dijeran que toda la Mafia de Nueva York se iba a reír de mí a causa de mis desviaciones sexuales y que nuestra banda iba a ser el hazmerreír de todos los Estados Unidos y parte de Canadá. Juntos nos hemos ido de viaje a Florencia, hemos correteado desnudos por Central Park y ahora mismo estamos escribiendo en mi diario. ¡Tiene además una letra tan bonita!

Jueves, 14 de diciembre de 1996

He encontrado muerto a Cornell en el jardín. Al parecer, alguien con una metralleta lo confundió con un jaguar y le disparó hasta decir basta. Les he preguntado a mis chicos si entre ellos hay alguno con miopía, y me han asegurado que un mafioso cuando dispara no tiene nunca problemas de visión.

Viernes, 9 de mayo de 1997

Mis asesores fiscales me recomiendan que deje de ver fantasmas por todas partes. El otro día me encontré con el cuerpo moribundo de John Wayne que me pedía dinero para anfetaminas; y hoy mismo me he encontrado a Jayne Mansfield haciendo un asado con patatas en mi cocina. Le he preguntado “Jayne, ¿qué haces?” y me ha dicho “¡La cena!”, con un cierto deje de irritación: según ella, no hago nunca nada en casa.

Domingo, 24 de agosto de 1997

En serio, no me importa que Descartes se indigne conmigo por cogerle su camiseta favorita, pero lo que ya no admito es que Marie Curie se ponga a jugar con la radiactividad en mi salón. Le he gritado “¡Marie, que estás sobre una alfombra de 700 dólares!” y le ha dado igual. Estoy muy harto de estas visiones.

Jueves, 25 de diciembre de 1997

El Fantasma de la Navidad de Charles Dickens me ha dicho que si veo cosas tan raras es porque mi conciencia no está tranquila. Yo le he preguntado si todo esto no será culpa de los más de 300 hombres que dicen que he matado con mis propias manos, o por los 800 millones de dólares que gané el año pasado con el tráfico de drogas. El Fantasma me ha dicho “Puede ser”, pero luego se ha tenido que ir corriendo porque Errol Flynn lo perseguía fuera de sí meneando su enorme “cosa”, y me ha dejado en ascuas. Después, mis asesores fiscales se han reunido conmigo para aconsejarme que me tome unas largas vacaciones.

Miércoles, 12 de agosto de 1998

Llevo sólo 8 meses en las Bahamas y ya tengo a toda la policía husmeando en mis asuntos. Yo pensaba que al estar en un paraíso fiscal, esta gente me dejaría tranquilo, campando a mis anchas, pero ya veo que no. El otro día un agente llamó a mi puerta para interrogarme sobre el asesinato a sangre fría de un concejal del ayuntamiento. Yo, por supuesto, le dije que no recordaba nada, pero al parecer no me creyó. Me llevó arrestado a la comisaría y allí una secretaria con placa muy guapa me tiró los tejos. Aunque me repitió a gritos que era una agente de la ley y no una señorita de compañía, aceptó venirse conmigo a mi mansión con piscina y escaleras de caracol. Estas escaleras ejercen una poderosa influencia sobre mí, todo y que son extremadamente peligrosas si, como yo, te pasas 23 de las 24 horas del día borracho de ron añejo igual que un lemur. Es sabida por todos en las Bahamas la afición de los lemures a la bebida, aunque aquí no haya lemures, como me repite insistentemente un activista ecológico que me visita tres veces al día para que le venda cocaína pura y sin cortar.

(CONTINÚA…)

LAS MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO / 11

March 21st, 2009 by davidbombai

Lunes, 10 de enero de 1994

Lo del chantaje trae cola: el fiscal ha presentado cargos y probablemente volveré a la cárcel por un tiempo no inferior a 10 años y no superior a 20. La jerga legal no me queda muy clara, lo único que me queda clarísimo es que si alguien con una enorme escopeta de cañón recortado no lo remedia, me voy a pudrir en la cárcel.

Sábado, 19 de marzo de 1994

Otro lamentable aunque beneficioso, para mí, episodio sangriento en mi vida: alguien se ha apiadado de mi situación y por una aceptable cantidad de dinero (tan aceptable como 50.000 dólares) se ha encargado de la señora, de su marido y hasta del vecino, que no había cometido más delito que el de aceptar una invitación a cenar del matrimonio de Kentucky. A la hija, por eso del “qué dirán”, la ha dejado con vida. Bueno, ya veremos.

Domingo, 20 de noviembre de 1994

A mi mujer se le ha metido entre ceja y ceja que tenemos que ir más a misa, que no somos buenos católicos, o cristianos, o judíos, ahora mismo no recuerdo qué religión practicamos exactamente. El cura se ha ensañado de lo lindo con la pobre gente que hace su trabajo y se les tacha de criminales y eso para mí ya ha sido el colmo: me he levantado, le he gritado cuatro cosas y me he largado de allí. Mi mujer ha vuelto dos horas después, con la cara roja de llanto y de vergüenza, y me ha dicho que lo que he hecho es una salvajada. Le he dicho que se callara, que era mi segunda mujer y que no tenía derecho a criticar mi forma de vida. Me ha dicho que mi forma de vida es también la suya, ha hecho una maleta y se ha ido con su hermana a Wichita. Yo no sé qué habrá en Wichita, pero allí se va todo el mundo.

Jueves, 20 de julio de 1995

Los chicos me han comentado que un mafioso de San Francisco nos ha robado 8 millones de dólares. Yo, por supuesto, no sé a qué se refieren, y ni siquiera tenía constancia de poseer tanto dinero en el banco. Los chicos me han corregido y me han dicho que no estaba en el banco, sino en un hangar de Sacramento, California, a buen recaudo según ellos (y según yo mismo cuando se supone que decidí dejarlo allí). Hemos iniciado una caza sin tregua del ladrón.

Sábado, 2 de septiembre de 1995

El ladrón de los 8 millones se esconde en una casita apareada a las afueras de Puckaspukee, Oklahoma. Yo les he dicho que a Oklahoma no voy ni en broma, que no me gusta ese estado, que no, que no y que no, vamos, que no voy ni atado a un palo, ni sedado siquiera. Los chicos no me entienden, pero yo sé lo que me digo.

Martes, 10 de octubre de 1995

Los chicos han vuelto con el botín. Al parecer el mafioso ladrón se resistió y tuvieron que acribillarlo a tiros con un rifle de repetición. Como no se rendía usaron también una ballesta, una bomba de neutrones, una cantimplora con nitroglicerina y a una señorita de muy buen ver que lo sedujo hasta que pudieron reducirlo a cenizas con un lanzallamas de la Segunda Guerra Mundial. Ese lanzallamas me trae gratos recuerdos: con él hice mi primera fogata en el monte, con la parienta y los críos, aunque luego tuviéramos que salir de allí deprisa y corriendo. Fue un bonito picnic.

(CONTINÚA…)

LAS MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO / 10

March 19th, 2009 by davidbombai

Miércoles, 17 de julio de 1991

Nancy comienza a mostrar ligeros signos de esquizofrenia crónica. Ayer la vi trinchando un pollo con un escalpelo, y a restregárselo por todo el cuerpo después, dejando que la sangre manchase sus muslos, su cara, sus brazos y hasta sus perfectos pechos. Mentiría si dijera que no me gusta verla hacerlo, pero también me preocupa que mi mujer tenga que limpiar la cocina después y sospeche lo que pasa.

Domingo, 25 de agosto de 1991

La Dra. Ferngman comienza a hacer muchas preguntas, todas ellas referentes a mi organización. A mí no me importa compartir secretos con ella, ni siquiera me importa cederle parte de mi inmensa fortuna, pero creo que las ansias económicas de Nancy no conocen límite. Y la verdad es que también me gustaría dejarle algo en herencia a mis hijos, aunque sea poco.

Jueves, 7 de noviembre de 1991

La Dra. Ferngman ha pasado a mejor vida. Alguien le hizo un empaste durante 4 horas que comprendía sus 32 hermosas y perfectas perlas dentales, así como gran parte de la garganta.

Martes, 12 de mayo de 1992

Dicen los expertos que el negocio de la cocaína está de capa caída: ahora se llevan mucho más las pastillas. Los niñatos de discoteca se inflan a píldoras y tengo ciertos conocidos que no quieren dejar escapar la oportunidad de hacerse ricos con eso. Yo por mi parte, aunque no entiendo mucho del tema, sigo prefiriendo el polvo blanco que ciertos yuppies de Manhattan me quitan de las manos… Quiero decir, que le quitan de las manos a mis amigos.

Jueves, 17 de diciembre de 1992

Este año olímpico ha pasado realmente rápido. Parecía que era ayer cuando hablaba de pastillas y, ¡mira tú por donde!, ya estamos en diciembre. Este año cerraremos el ejercicio con un aumento del 5% en los ingresos y unas ventas medias estimadas en 7 millones de dólares mensuales. Por mi parte, no sé en qué hemos aumentado, ni qué hemos vendido.

Lunes, 22 de febrero de 1993

Resulta penoso ver a todos estos policías revolver cosas en mi casa, buscando no sé qué pruebas. ¡Yo soy un honrado constructor! Luego… admito que me he quedado en blanco cuando me han preguntado qué cosas construyo. Quizás tenga que comenzar a creerme todo lo que pone en los periódicos.

Viernes, 17 de septiembre de 1993

Una señora de Kentucky ha presentado una demanda contra mi organización por estafa, chantaje y estupro. Lo del chantaje queda claro, y lo de la estafa también, pero me parece que estupro está sacado de contexto. El diccionario dice, cito textualmente: ESTUPRO, Acceso carnal con persona mayor de 12 años y menor de 16, conseguido con engaño. Que yo recuerde, no me acosté con su preciosa hija…

(CONTINÚA…)

LAS MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO / 9

February 21st, 2009 by davidbombai

Martes, 7 de marzo de 1989

Aquí está, otra vez, mi cumpleaños. No soporto hacerme mayor, porque significa que me queda menos tiempo para disfrutar matando y robando, y olvidarlo todo después. Como mi mujer sabe lo mucho que me apena, me ha comprado una videocámara para que no pueda olvidar nunca nada.

Miércoles, 19 de julio de 1989

El regalo que me hizo mi mujer era perfecto, pero como grabar mis propios crímenes es algo que también está mal, no recuerdo que lo he hecho y no los reviso nunca. Soy un caso perdido…

Sábado, 18 de noviembre de 1989

Voy a iniciar lo que se conoce como una Caza de Brujas en toda regla: hay un topo en mi organización y tengo que darle caza. Cuando le haya descubierto, que Dios se apiade de su alma.

Viernes, 26 de enero de 1990

Ha costado, pero finalmente he dado con él. Ya sé cuál es la identidad de mi topo, y no es algo que me satisfaga lo más mínimo. Se trata de mi mano derecha, Vito, un tipo eficiente y pulcro, con un gusto exquisito en el vestir y una sangre fría que acobardaría al mismísimo Diablo. Todavía no me creo que él esté vendiendo secretos a la policía, en el mejor de los casos, o a la competencia, lo que significaría el fin de mi organización.

Miércoles, 16 de mayo de 1990

Así es esta vida: Vito ya no es un problema. Un camión le atropelló en la 42 con Maine al salir de una tienda Armani de reciente inauguración. Por cierto, los secretos que vendía eran para un periodista del Washington Post, que también ha visto cómo un camión se llevaba por delante su portátil, sus apuntes y, de paso, a él mismo.

Sábado, 6 de abril de 1991

Ha vuelto el dolor de muelas. Mi doctor de siempre, el Dr. Mumberg, ya no está en la ciudad: huyó despavorido ante no sé qué amenazas de muerte que alguien alto, guapo e inteligentísimo le lanzó. Ahora hay una mujer, la Dra. Ferngman, cuya capacidad para hacerme daño desconozco.

Lunes, 3 de junio de 1991

La Dra. Ferngman es la criatura más depravada, retorcida y fría que conozco. Si no fuera porque uno de mis empleados se hace llamar “El carnicero de Dakota”, juraría sobre cualquier Biblia que esa mujer es el ser más horrendo que jamás haya visto. Creo que la amo…

Viernes, 28 de junio de 1991

Nancy (así se llama la Dra. Ferngman) y yo somos muy felices. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, está agujereando mis molares inferiores con un punzón de ebanista sin esterilizar. Anoche gozamos nuestra lujuria rodeados de todo el instrumental quirúrgico dental necesario para extirparle un colmillo a cualquier tiburón tigre. Esta mujer me vuelve cada día más loco.

(CONTINÚA…)

LAS MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO / 8

February 5th, 2009 by davidbombai

Martes, 7 de abril de 1987

Un periodista, fuera de sí, me ha gritado en plena calle, a la salida de los juzgados, que no tengo moral, ni sentimientos, ni conciencia, y que algún día pagaré con mi sangre todo el mal que le estoy haciendo a esta sociedad. Yo me lo he quedado mirando y le he dicho muy tranquilo: “Disculpe, caballero, pero no sé de qué me está hablando”. Según los periódicos, he matado a más personas que Al Capone, pero yo no recuerdo ni uno sólo de los crímenes que se me imputan. Sólo sé que vivo en la zona alta, en una casa con un jardín de 7 hectáreas y que me dedico “a la construcción”.

Lunes, 16 de noviembre de 1987

Me recupero favorablemente de mi tercer intento de asesinato en dos años. Esta vez han sido los hermanos Gambetto, que quieren quedarse como sea con mi parte del negocio en la Costa Este, la que me da más dividendos y me paga el yate que tengo anclado en Nassau. No puedo permitirme perder ese yate: le puse el nombre de mi primera amante.

Jueves, 10 de diciembre de 1987

¡Ya es mala suerte! Ha sido salir del hospital, y tirotearme un tipo en la misma puerta. Por suerte sólo me han alcanzado 5 de los 9 disparos que ha realizado, pero han sido suficientes para meterme en la cama por lo menos otro par de meses. El camillero que me acompañaba no ha tenido tanta suerte: lo entierran mañana. Enviaré a alguno de mis chicos, a ver si puede dejarle un par de pavos a la viuda.

Lunes, 29 de febrero de 1988

¡Me encantan los años bisiestos! Para mí son como la demostración palpable de que todo en cuanto creemos, todo en lo que se sustentan nuestros estatutos, está mal. Tener que ponerle un día más al año cada cuatro años porque si no se descompensa todo, es la chapuza más divertida que se me ocurre. Viendo cosas así, ¿cómo quieren la policía, los jueces y los periodistas que no me dedique al crimen, si es que en efecto me dedico a él?…

Miércoles, 22 de junio de 1988

Anoche asesinaron a mi mejor amigo y empleado Gianluca Castellutti, Gianni para los muy íntimos. Le tendieron una emboscada al salir de su pizzería favorita. Le he jurado a su mamma que daré con los criminales, pero algo me dice que están mucho más cerca de lo que pienso: recuerdo haberme peleado con él en más de una ocasión debido a su peligrosa ambición y a sus ganas desorbitadas de arrebatarme el mando.

Domingo, 25 de diciembre de 1988

He vuelto a casarme, esta vez con Lisa, una de mis amantes (las que aún permanecen con vida, siguen siéndolo, por supuesto). Era duro no compartir esta vida de lujo con nadie. Me gusta darle a mis mujeres todo lo que me piden y ser para ellas el hombre que todo hombre debería ser para sus mujeres. Quizás me haya hecho un lío, pero yo sé lo que me digo. Esta es nuestra primera Navidad juntos, legalmente.

(CONTINÚA…)