LA AZAROSA VIDA DE UN CABALLERO AUTÉNTICO / 2
El caballeroso le acabó confesando a Lucifer que él nunca había hecho nada malo en toda su vida, que era un hombre bueno, que colocaba su gabardina sobre los charcos (pero enseguida la quitaba si alguna mujer se atrevía a cruzar), que daba piruletas a los niños (a cambio de favores sexuales) y que nunca conducía a más de 20 (incluso en autopistas, autovías y carreteras de un solo carril, en donde estuviese prohibido adelantar). Lucifer entendió que se encontraba ante un hombre demasiado bueno, y que no tenía por qué soportar una eternidad rodeado de actores de culebrón, directores de teatro, bomberos y cantantes melódicos. Después de darle su prima por inutilidad, le firmó un salvoconducto con el que pudo volver a la tierra, reencarnado en vendedor de enciclopedias. Rita, por su parte, se casaba por novena vez… y se divorciaba dos días después, porque su marido la pilló en la cama montándoselo con un diccionario de la Real Academia. El diccionario se fugó finalmente con una bailarina de striptease que le dio siete hijos y nueve entradas nuevas, todas ellas vulgarismos. A su vez, Nora seguía siendo una santa; y Martín volvió a la cárcel el 17 de mayo. Al día siguiente, se escapaba otra vez… durante media hora y apareció justo para la cena.
El caballeroso vendió 402 enciclopedias, fue nombrado empleado del año y su jefe le regaló un viaje para tres personas por los Estados Unidos. Como en todo el planeta no había dos personas que quisieran acompañarlo a ningún sitio, el caballeroso se fue sólo: estuvo en Hollywood, donde vio unas cosas muy bonitas; en San Francisco, donde visitó unos museos muy interesantes y vio algo que había en una calle; y estuvo en Nueva York, donde vio una estatua que estaba muy bien y otra cosa más. En Texas se hizo de una secta satánica… de la que fue expulsado cuando aseguró que el grupo favorito del demonio eran los Bee Gees y no Marilyn Manson, como creían todos. Aprovechó su estancia allí para presentarse a las elecciones presidenciales, que no ganó por tener un coeficiente demasiado por encima de la media: en el test dio 2. De todas formas, se llevó su prima por inutilidad y volvió a casa con un montón de souvenirs… que no pudo regalar a nadie, pues no tenía amigos.
Un día que se aburría mucho y no sabía qué hacer, decidió ponerse trascendental y planear el resto de su vida. Esto le llevó unos cinco minutos. Luego decidió que lo que tenía que hacer era sentar la cabeza y casarse: lo hizo en una iglesia sin cura ni monaguillos, sin familiares ni testigos y hasta sin novia. La vida de casado le iba muy bien: no discutía nunca, ni se levantaba por las noches para cambiar pañales, ni sentía celos porque su mujer ganase más dinero que él… ¡y ni siquiera tenía suegra! ¿Qué más podía pedir? La vida de casado, pensó, era una maravilla. Sin embargo, con el tiempo, la relación consigo mismo se fue enfriando. Todo acabó cuando se encontró engañándose con otra persona: decidió entonces pedirse el divorcio. Se quedó con la casa y con el coche. Para celebrarlo, se fue de viaje…
- ¡Basta!
- ¿Cómo?…
- ¡Maldita sea! Autor, ¡es la tercera vez que viajo, ya! ¡Estoy hasta las narices de viajes! ¡Si a mí ni siquiera me gusta viajar! ¡Hasta me mareo en el ascensor, figúrate!
- Ya… ya… perdona, lo siento… es que me quedo sin ideas y no sé qué poner… utilizo el recurso del turismo para llenar páginas… Va muy bien, ¿sabes?
- ¡Me da igual! ¡Invéntate otra cosa, pero no me hagas viajar más, o me enfado!
- Vale… lo siento… ¿me perdonas?
- Ya veremos.
- Bueno… Sigo, ¿vale?
- Vale… pero que sepas que te estoy vigilando…
(CONTINÚA…)