EL HOMBRE CERO / 2
Pero me lo tomo con filosofía, ¿qué otra cosa puedo hacer? Es la vida que me está tocando vivir. La desesperación del principio también se ha convertido en monotonía. Además, ¿cómo puedo no saber yo que esto que me pasa a mí le pasa en realidad a mucha más gente? Igual no soy el único, aunque quizás sí sea el único que ha reparado en ello. Eso no lo sé. Pero tampoco es que me importe tanto.
Los tres amigos salen del bar, discutiendo la mejor forma de encontrar el amor mientras colocas la última pieza de un puzzle que representa a “Las Meninas” vestidas con ropa de los 80. La verdad es que ni Paul ni Nick han prestado demasiada atención a la perorata de Frank, lo que le consuela y le tranquiliza: a lo mejor su historia tampoco es que sea tan digna de ser relatada, lo que significaría que no es algo tan grave.
Frank vuelve al hotel, con su mujer. Están en el viaje de bodas, y sí, ya estuvieron aquí. Ya visitaron el reloj astronómico, y el puente de Carlos. Y mañana lo visitarán otra vez, aunque en teoría sea la primera.
Frank, estás muy callado, ¿te pasa algo? Sólo es que estoy un poco cansado: ¿no tienes la sensación de estar malgastando la vida? Vaya… Bonita pregunta para hacerle a una recién casada, y más si eres su marido; no, no creo que esté malgastando la vida. ¿Tú crees que la estás malgastando? Mi amor, yo creo que todavía quedan tantas cosas por hacer, y es tan poco el tiempo que nos queda, que no hacer que cada minuto sea único, nos convierte en poco menos que autómatas.
Después de estas palabras, que su mujer no recordaría mañana por la mañana, Frank se sumió en un triste sueño. Esa era otra ventaja de vivir al revés: podías decir cuanto quisieras a quien quisieras sin miedo a que te mal juzgasen.
Ya… En efecto. Lo malo es que yo sí que las recuerdo.
Al día siguiente, llegaron a Praga, bajaron del avión y se dirigieron al hotel en un autobús de línea. En el trayecto, en lo único que Frank podía pensar era en el desorbitado dinero que se hubiesen gastado de haber vuelto a coger un taxi. Esto debería haberle alegrado, pero ya ni siquiera eso le satisfacía.
Volviendo sobre sus pasos en la ciudad de Kafka, sintiéndose igual a cualquiera de sus personajes, Frank tuvo una revelación, o quizás fue un dolor de cabeza mal llevado. El caso es que se avino a aceptar lo que su conciencia no paraba de repetirle desde hacía ya un buen tiempo: si vas a vivir la vida dos veces, ¿por qué vivirla las dos veces igual?
Con todo el dolor de su corazón, pero completamente seguro de que ése era el camino correcto, al día siguiente, al despuntar el alba, antes de coger el avión para Praga, Frank abandonó sigilosamente la habitación de hotel que ambos habían utilizado para regalarse mutuamente una amorosa Noche de Bodas. “Han sido unos años maravillosos”, pensó, “qué pena que ella no creerá lo mismo…”. Se convenció a sí mismo de que después de la tristeza y la desdicha por sentirse abandonada por su marido justo después de su primera noche de casados, ella encontraría a alguien que la haría completamente feliz, o por lo menos tanto como él sabía que podía serlo. “No es justo”, se dijo, “vivir la vida sin poder controlar tu propio destino; aunque a partir de ahora no pueda permanecer al lado de nadie, aquí es precisamente en donde quiero estar, teniendo en cuenta esta curiosa forma de vida”.
(CONTINÚA…)
July 13th, 2008 at 9:50 pm
Hola David! Sólo decirte que te descubrí por casualidad leyendo “El muñeco Whisky” y que me siento muy identificada con tu sección “Soy lo peor”. Yo también soy un poco lo peor jajaj. Así que me he sentido con la obligación de escribirte por que quiero que sepas que como mínimo a mí me arrancas una sonrisa cada vez que te leo. Gracias!!
August 18th, 2008 at 10:24 pm
Gracias Mireia! Perdona haber colgado tu comentario tan tarde, pero es que he estado de vacaciones por las Seychelles y claro… (mierda para mí: Ya.com me había cortado la conexión por no pagar, pero bueno, si no fuera tan penoso no sería yo mismo). Nos vemos por aquí! Un abrazo.