Esta historia podría titularse “Jenny Pumpkin y la fábrica de chocolate”, pero evitaré hacer cualquier referencia a clásicos literarios y la llamaré, simplemente… OTRA HISTORIA DE AMOR Y DE MAPACHES / 2

Se dio a sí misma el exacto período de 2.556 días para encontrar al hombre perfecto que la convertiría a ella, a su vez, en la perfecta mujer: según su madre “ninguna mujer debería vagar sola por ahí sin un hombre que la proteja”, y eso llegó a creer ella también. Y por supuesto, asistir en primera persona al final de su matrimonio con Orlando era quizás lo más horrible que le podía a pasar en esta, por otra parte, maravillosa vida.

… Ahora que lo pienso: no he mencionado la profesión de Jenny, lo que sin duda nos dará una idea bastante definitiva de cómo es ella en realidad. Jenny, aunque su matrimonio estaba basado en una mentira, aunque está convencida de que todo este tiempo al lado de Orlando ha sido tiempo perdido, aunque cree firmemente que un buen hombre es un hombre muerto, es compositora de canciones melódicas, todas ellas con el amor como tema principal. Todos sus temas tienen como protagonistas a parejas que se aman hasta el fin de sus días, ya sea antes de tiempo como Romeo y Julieta, o al borde del ingreso en el geriátrico, como en “Los puentes de Madison”.

Jenny era autora de piezas tan empalagosas como “Te digo “Te quiero” aunque me duele la barriga”, “El amor y tú: una sola cosa” o “Cuánto amor me llevo, cuánto amor me llevo; Vale, pero no te lleves también mi cartera”; y de canciones con un cierto punto crítico como “Esto que llamas amor, ¿no será cáncer?”, “Voy a vomitar de sólo pensar que nos vamos a acostar” o “Te mataré si te quedas con la casa en los Hamptons y con el piso del Greenwich Village, hijo de mala madre”. Estas, por cierto, serían el fruto de su última etapa, la posterior a su traumático divorcio.

De todas formas, para bien o para mal, ese era su trabajo, y si quería conservar su nivel de vida, tendría que mantenerlo a toda costa. Evidentemente, para una persona que ya no cree en el amor bajo ningún concepto, escribir temas como “Te amo, no me dejes nunca, jamás te dejaré, eres el amor de mi vida” (nº 75 en el Billboard) no era tarea fácil.

Los cantantes que la contrataban para que les compusiera sus nuevos discos, futuros números uno en las listas de éxitos, se horrorizaban al tener que entonar temas como “Sucia rata, espero que mueras estéril y solo” o “Eres tan despreciable como tu padre, quienquiera que sea”. Mucho duró esta situación hasta que Jenny se dio cuenta de que podía hacer canciones igual de hermosas pero con el desamor como telón de fondo. Así aparecieron temas menores pero decentes como “Me dejas, yo sigo adelante” o “¿Esto es Wisconsin?, porque si lo es, tengo que dar una conferencia”. No obstante, era evidente que Jenny había perdido su garra. Tenía que volver a creer en el amor como fuera.

Su manager, Eric Deltono, preocupado por “su inversión”, le preparó a Jenny una serie de citas con hombres maduros algunos, demasiado jóvenes otros, y rematadamente psicóticos la mayoría, que poco ayudaron a que su ilustre representada encauzara de nuevo el sendero del romance amoroso. Jenny los calificó a todos de “pueriles” y dio un portazo que le dolió a Deltono en lo más saliente de su, por cierto, feo rostro: la puerta se encontró de lleno con su horrible olfato para las relaciones humanas. La verdad es que Deltono no tenía ni idea de cómo era Jenny en realidad, con lo que difícilmente iba a poder conseguirle un hombre a su altura.

(CONTINÚA…)

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